Acción defensiva contra el miedo al rechazo

La persona rechazada no tuvo otra alternativa que disociarse de la realidad y de su cuerpo para poder sobrevivir.

Crea la tendencia de retirarse hacia adentro interrumpiendo o perdiendo contacto con el mundo o la realidad exterior y, por otra parte, es posible que se produzca una escisión entre el pensamiento y el sentimiento, es decir, en ocasiones lo que piensa parece tener poca relación con lo que siente o con la manera en que se comporta.

El niño no se siente unido o integrado y tiene dificultades para reconocerse como un ser humano completo.

Toda persona que no tiene los pies sólidamente asentados sobre la tierra carece de contacto pleno con la realidad.

El fraccionado no afronta nunca un conflicto, huye de él de diferentes formas.

En cualquier situación que tenga que participar o crear algo concreto, o que tenga que intervenir, es decir, que necesite estar aquí y participar directamente, relacionarse o que se sienta presionado o amenazado, el inconsciente retirará la energía de la parte física.

La persona pierde de pronto su motivación, no tiene ganas de moverse, solo quiere marcharse.

Se ausenta, bien apartando su cuerpo y marchándose sin dar ninguna explicación; o bien, si eso no le hace sentirse seguro, marchándose psíquicamente: «Yo no estoy aquí».

«Atención, ya me he dejado atrapar una vez en este mundo y me han hecho mucho daño».

Asimismo, con frecuencia a esta reacción de huida se añade una actitud de separación y de desprecio:

«Puesto que no quieres acogerme, te odio y te desprecio».

«Te rechazaré antes de que me rechaces».

«Detesto y desprecio este mundo; tengo demasiado miedo; no quiero vivir aquí, quiero volver a donde no corro el riesgo de que me hagan daño… al mundo espiritual».

Como esto no es posible totalmente porque su cuerpo lo mantiene arraigado a la tierra, lo que sí logra es la fragmentación de su conciencia, la separación de su cuerpo, de las sensaciones, de sus sentimientos.

Su cuerpo está presente, pero su conciencia ha huido, se ha marchado a otro lugar más seguro.

Otra alternativa para evitar el sufrimiento es la soledad y el aislamiento.

Otra alternativa para evitar el sufrimiento es la soledad y el aislamiento.

Desde pequeño tiene tendencia a estar solo, a carecer de compañía, de amigos.

Generalmente, estas personas son muy inestables y se la pasan huyendo siempre de todas partes. Si las circunstancias de su vida cambian y empiezan a ponerse difícil o quizás le obligan a comprometerse de alguna forma, ellos se marchan rápidamente a buscar otro lugar, otro trabajo, etc.

Esta actitud de querer huir y escapar les convierte muchas veces en grandes viajeros; si no física, al menos mentalmente.

Como conclusión, se puede considerar que su hogar, su casa, es el mejor refugio para estar a salvo de un mundo hostil y agresivo.

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Imagen:habilidadsocial.com

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