Causas emocionales de la EPILEPSIA

La epilepsia es una afección nerviosa que se caracteriza por la repetición más o menos frecuente de crisis convulsivas.

Estos ataques que pueden recordarnos a un terremoto, son de aparición imprevisible y generalmente duran muy poco tiempo.

Los síntomas más destacados son: pérdida de la conciencia, convulsiones, la tensión arterial se dispara, la respiración parece detenerse, echan espumarajos por la boca y puede haber pérdida involuntaria de orina o de heces.

Epilepsia significa, estar sin control, echarse encima, verse sorprendido.

La epilepsia se presenta cuando la persona es o se siente incapaz de manifestar, mostrar,  expresar, decir, lo que le preocupa, lo que le da miedo, lo que le causa angustia o preocupación.

Ante un suceso inesperado, duro, triste, desgarrador e impactante en su vida,  la persona queda “imposibilitada para moverse”, se ha quedado impotente, no ha podido hacer nada para evitarlo, impedirlo, solucionarlo.

Y tampoco ha tenido la fuerza, la capacidad de expresarlo y es con un ataque de epilepsia, como si fuera un juego de mímica que lo demuestra.

El sentido biológico de padecer epilepsia es tratar de poner fin a algo de forma drástica para poder volver a empezar.

La epilepsia es como una muerte aparente (rigidez, palidez, pérdida de conciencia…) que puede ir seguida de una resurrección.

Es una sacudida a nivel de la corteza cerebral que libera de todas las cargas y programas de excesos (tensiones múltiples acumuladas). 

Ocurre en personas que sienten que no han sido deseadas, que no se sienten queridas o que han sido criadas por madres sobreprotectoras.

Como consecuencia de estas vivencias el enfermo de epilepsia tiene dificultades para situarse, para encontrar su lugar.

Da la impresión como si no hubiera encontrado su sitio, ni en su cuerpo, ni en su familia.

Sufren grandes conflictos internos, pero se reprimen y no están dispuestos a decir lo que piensan. Antes prefieren morderse la lengua.

Son personas decepcionadas de sí mismas (aunque no son conscientes)  porque no se sienten capaces de decidir, de actuar y no se perdonan cuando cometen un error, cuando se equivocan.

Son personas propensas al auto rechazo porque ellos mismos se consideran conflictivos y culpables.

Esto les provoca un estado profundo de angustia que a veces descargan contra sí mismos en los ataques. Una crisis de epilepsia es una forma de autoagresión.

La epilepsia también se puede considerar como una demanda de atención y afecto, o para desviar la atención de los demás de un error cometido previamente.

A nivel inconsciente hay un conflicto de miedos muy importante, un miedo terrible, absoluto,  por ejemplo, a la muerte, a padecer un cáncer, a lo que nos pueda pasar por nuestras espaldas, a no poder hacer una cosa enseguida…

“Vivo un acontecimiento con miedo y sorpresa al mismo tiempo, así que no puedo controlar qué clase de movimientos hago”.

Del mismo modo pueden padecer un conflicto de miedo unido a un conflicto de separación o relacionado con la motricidad.

“Quiero hacer algo pero me lo impiden; o quiero descansar tranquilo y me obligan a actuar; de manera que mis movimientos no saben qué hacer”.

“No querer ir, pero tener que ir”, por ejemplo, en los niños, miedo de ir al colegio.

«Tengo miedo de ir al colegio, ahí no me consentirán tanto como en mi casa con mi mami».

«Tengo miedo de crecer, me gusta cómo me trata mi padre».

Las crisis epilépticas se pueden considerar como un mecanismo de socorro, de urgencia, en una persona muy temerosa, que se encuentra sometida a un fuerte estrés.

“Tengo que controlarlo absolutamente todo”.

Ante un ataque de epilepsia deberemos buscar los hechos previos y prestar una atención especial a todos los detalles y características que presenta la persona.

Es decir, los movimientos físicos que realiza durante los ataques, porque son esos movimientos, esos detalles, los que darán las pistas para localizar el momento preciso en que sucedió el impacto emocional que detonó la epilepsia.

Por ejemplo: Averiguar hacia dónde mueve los ojos. Si experimenta movimientos o gestos con la boca, si parece hablar, besar, la tuerce, etc.

Si realiza movimientos con los brazos, las manos, la cabeza, etc.

Cualquier movimiento o gesto que realiza nos pueden dar datos muy concretos acerca del origen del síntoma.

Debemos prestar mucha atención si parece que camina o hace movimientos de pataleo o estertores con las piernas, etc.

En resumen, hemos de buscar historias relacionadas con: Miedo+impotencia para moverme, hablar, etc. Separación+miedo por impotencia. Terror a morir por amenazas.

En el proyecto sentido he de buscar si mi madre no vivió alguna experiencia como las anunciadas anteriormente.

En el transgeneracional hemos de averiguar si algún doble nuestro ha vivido experiencias traumáticas relacionadas con impotencia de no poder moverse, hablar, huir, etc. O bien vivencias referidas a amenazas.

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Imagen: lavoz.com.ar

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