¿Cómo se origina emocionalmente el CÁNCER?

 

La curación natural del cáncer, queda  simplemente ignorada por razones dogmáticas a fin de que el cáncer continúe siendo una enfermedad de la que se muere obligatoriamente y a través de la cual el paciente continúa siendo manipulable. Dr. Hamer

El cáncer, hasta el día hoy, continua siendo para los científicos una de las más importantes asignaturas pendientes.

Se han destinado a su estudio enormes cantidades de recursos sin apenas resultados terapéuticos.

Actualmente sigue considerándose como el gran “coco” de la humanidad como enfermedad devastadora y, casi todo el mundo tiene terror de poder contraerla.

Pero, ¿qué es el cáncer? ¿Qué se sabe a nivel social sobre esta enfermedad?

Aún se sigue creyendo que no tiene cura (si no se llega a tiempo, dicen), y que hay que someterse a un protocolo médico que incluye quimioterapia y/o radioterapia, más un tratamiento posterior durante varios años.

Además, según nos dicen, hay que rezar para que no vuelva o que no invada a otros órganos (metástasis), lo cual deja bastante deprimido y desanimado a quien lo tiene.  

Es decir, desde que es diagnosticado el cáncer comienza para el individuo una lucha entre la vida y la muerte.

Muchas personas aún siguen creyendo que esta enfermedad tiene un origen externo y lo achacan a la comida, a las radiaciones del  microondas, antenas de telefonía e incluso a las irradiaciones solares, pero no es así.

Según el Dr. R. Hamer el cáncer se origina a consecuencia de una tragedia personal (como la que él vivió, la muerte de su hijo).

Un impacto emocional de alta intensidad, inesperado, que le coge a la persona completamente desprevenida. 

Y que,  además, por su educación, sus miedos, sus creencias, etc. no se permite expresar su sufrimiento, ni la pérdida de referencias, de ilusiones, de alegría que la vivencia le ha producido.

Más bien, lo vive en aislamiento interior, lo guarda dentro de sí, sin compartir con las personas de su alrededor. Y además, no encuentra una solución, no puede hacer nada, no puede ver la salida.

Por supuesto, que no hablamos de un conflicto menor, no.

Se trata siempre de una vivencia tremendamente fuerte y desgarradora que la persona ha sido incapaz de soportar.

Como la muerte de un ser muy querido, una separación inesperada, la traición de alguien en quien confiábamos ciegamente, una infidelidad de nuestra pareja a la cual amamos profundamente o la pérdida de un trabajo, de una casa, de una propiedad, de dinero, etc.

Dicho golpe irá afectando, poco a poco, toda la estructura psicológica de la persona y perjudicará su capacidad de experimentar la alegría de vivir.

Sin duda alguna, hay que decir, que no todos los impactos emocionales  producen cáncer o cualquier otra enfermedad grave, no.

Depende de cómo la persona reaccione, de cómo lo afronte, dependiendo de su manera de ser, de su fortaleza, creencias, etc.

Se sigue creyendo  que es el tumor el que mata a la persona, pero en realidad no es así.

Lo que si puede matar es el conflicto emocional tan dramático que vivió, que minó sus fuerzas, le debilitó y socavó sus ganas de seguir viviendo.

Indudablemente, si el conflicto perdura su energía irá disminuyendo y, finalmente, muere por agotamiento energético, no por el tumor.

Como se puede comprender una situación así no se cura con medicinas (radioterapia, quimioterapia), que por cierto, tienen unos efectos secundarios muy importantes por su toxicidad.

Y lo que hacen es debilitar el sistema inmunológico de las persona, que como hemos dicho ya estaba bastante deteriorado por el sufrimiento, a causa del impacto emocional que vivió.

Siguiendo con el criterio y experiencia del Dr. Hamer, todas las enfermedades tienen un significado biológico especial y un propósito que puede explicarse y entenderse a través de la biología, la embriología y las tareas evolutivas.

Considera la enfermedad como un proceso biológico natural que el organismo pone en marcha cuando se sufre un fuerte shock traumático, inesperado, capaz de generar lo que llamaría un “conflicto biológico”.

Conflicto que mientras no se resuelve lleva al organismo a responder con toda una serie de cambios en sus células que pueden provocar diversas patologías, cáncer incluido.

Sin embargo, cuando se soluciona ese conflicto de forma definitiva y no sobrevienen recaídas, se entra en un proceso de curación.

Así el enfermo, una vez ha conocido y comprendido el cómo y el por qué de su enfermedad, le basta seguir unas sencillas medidas terapéuticas no agresivas para sanar.

Con lo que se puede llegar a la conclusión de que una enfermedad no es un problema, es una solución, es un intento biológico de solución.

Y lo mismo ocurre con los animales, ya que biológicamente hablando son idénticos a los humanos.

Quiero ponerles el ejemplo de un animal que desesperadamente hambriento se le atraganta un hueso de su presa en la garganta. Inmediatamente su cerebro activará lo que se conoce como “programa de supervivencia” y empezará a desarrollar un gran número de células nuevas (tumor).

Para lograr tener una mayor efectividad en la trituración y descomposición del hueso que le permita al animal seguir comiendo con normalidad.

Si el conflicto se resuelve el programa desaparece, porque ya cumplió su objetivo, su sentido por el cual fue creado; es decir, lo que llamamos enfermedad, se cura.

Pero si el hueso es de gran tamaño y las células no consiguen ser efectivas en su cometido de destruirlo,  el cerebro seguirá aumentando la producción de ellas, por lo que el tumor irá en aumento y el animal no sobrevivirá.

A las personas nos ocurre exactamente igual, pero en lugar de tratarse de un alimento  difícil de digerir, de lo que se trata es de emociones muy fuertes que no podemos, tragar, aceptar, digerir, etc.

Teniendo en cuenta que para el inconsciente lo real y lo simbólico es lo mismo, el cerebro ante un conflicto no digerible activa de inmediato el programa de supervivencia, y comenzará a hacer segregar células cancerosas con el fin de digerir aquello que siento como “no digerible”.

E igual ocurre tras un conflicto de “miedo a morir”, rápidamente se formará un tumor en los alveolos pulmonares con el fin de poder atrapar más oxigeno e impedir que muera.

Del mismo modo, si pierdo el trabajo y lo siento como miedo a carecer, por falta de dinero, se formará un cáncer de hígado, para de alguna forma, tratar de agrandar la despensa para guardar más alimento.

Una vez que la persona con cáncer toma consciencia y encuentra el conflicto emocional, expresa su dolor, su miedo y además, encuentra un nuevo trabajo, el programa biológico de supervivencia se desactiva y el tumor entra en remisión y las células del cuerpo comienzan a regenerarse.

¿Cómo se puede explicar bajo esta perspectiva la hipótesis de las metástasis?

La teoría de la medicina convencional está basada en la afirmación de que las células cancerígenas de un tumor primario viajan a través de la sangre o los vasos linfáticos a otras partes del cuerpo donde causan un crecimiento canceroso en el nuevo órgano.

La investigación del Dr. Hamer muestra claramente que cada proliferación celular “crecimiento canceroso” está relacionada a un conflicto biológico específico.

Se sabe por la ciencia de la histología y la embriología que bajo ninguna circunstancia las células pueden cruzar el umbral de su capa germinal. 

Y por consiguiente, no se puede transformar una célula de riñón, en una de hueso o una de mama en una de hígado, etc.

Por lo tanto lo que se conoce como metástasis, no se refiere a que las células viajen de una parte del cuerpo a otra.

Sino que hace referencia como el Dr. Hamer descubrió, a nuevos conflictos desatados a partir del cáncer original.

Por ejemplo: Una persona es diagnosticada de un tumor en el cerebro y, leyendo las estadísticas en internet de las posibilidades de seguir con vida con este síntoma y escuchando los comentarios de los médicos, empieza a sentir miedo intenso a morir.

Entonces desarrollará un nuevo cáncer en los alveolos pulmonares, que tendrá el sentido biológico de salvarle la vida.

Otro caso sería el de un hombre diagnosticado de cáncer de próstata y, como consecuencia, se empieza a preocupar por su aspecto sexual masculino.

Esto le hace caer en una gran desvalorización y desarrolla un cáncer de huesos ya que su estructura como hombre se viene abajo.

Con lo cual se demuestra que no existe en nuestra biología esa tal anarquía de la que se habla.

Sino que, por el contrario, todo sucede desde un comportamiento totalmente ordenado por nuestro cerebro en base a las experiencias que hayamos vividos.

Y, por lo tanto, si aparecen otros tumores, nada tienen que ver con el cáncer original, sino que son debidos a otros conflictos dramáticos que el individuo ha vivido posteriormente.

Y esto, además, lo refrenda el Dr. Hamer  refiriéndose al ciclo de vida de las células que, como se sabe, nunca viven más de cinco años.  

¿Cómo es posible que después de atacar  y destruir las células, “buenas y malas”  con cañones de artillería (quimioterapia y/o radioterapia) aparezcan metástasis a los 8 o 10 años posterior al cáncer original, burlando así su ciclo de vida?

¿Es posible concebir semejante caos en el cuerpo humano que como todo el mundo conoce se trata de la máquina más perfecta que se pueda imaginar?

Quiero resaltar que la mayoría de los casos de cáncer se deben a impactos emocionales propios.

Pero en aquellos casos que el individuo no reconozca haber vivido una experiencia dramática como las que he descrito o bien, en aquellos niños que nacen ya con esta enfermedad, habremos de analizar el proyecto sentido, para descubrir si fue nuestra madre quien la vivió. 

O recurrir a nuestro árbol genealógico para analizar si se trata de un programa que hemos heredado de un ancestro.

Para finalizar me gustaría resaltar que el cáncer es una enfermedad que, como cualquier otra es totalmente curable, aunque se trate y hay que reconocerlo, de un proceso más doloroso y más largo.

Generalmente, el tiempo que tarda en manifestarse un tumor oscila entre 6 meses a 1 año, después de que a la persona le ocurriera el hecho dramático.

Rotundamente quiero dejar claro que no hay que hacer ningún caso a esa frase que se ha convertido ya en un estribillo de “si se descubre a tiempo”.

No, no tiene nada que ver para llevar a cabo el proceso de curación.

Y por supuesto no  se trata, en absoluto, de emprender una guerra contra el cáncer, sino más bien debemos de comprenderlo.

La sanación depende exclusivamente de la persona enferma, porque solo ella será capaz de enfrentar la situación emocional que lo enfermó, de manera creativa, solo ella podrá expresar los verdaderos sentimientos que reprimió y que fueron los que la enfermaron.

Y al liberarse de ellos, el cerebro desactivará de inmediato el programa biológico de supervivencia.

Recomendaciones para recuperar la salud física, emocional y espiritual:

El enfermo de cáncer necesita ponerse en movimiento, cambiar rotundamente, crecer y promover su desarrollo.

Necesita asumir su propia responsabilidad, tomar las riendas y no permitir que sean los otros los que tomen las decisiones por ellos.

Ha de aprender a defenderse a decir “no”, a rebelarse contra las reglas inamovibles. 

A saltarse las barreras y los límites que le aprisionan y le ahogan. Debe vivir la vida en su totalidad, aceptando y expresando la polaridad de la existencia en todas las cosas.

Por otra parte necesita exteriorizar su agresividad y estimular su vitalidad y su creatividad.

Ha de encontrar de nuevo el gusto por la vida, la alegría de vivir. Para ello ha de liberarse de lo que ha causado su tristeza y recuperar la ilusión por la vida.

Pero antes que nada ha de pasar por la fase de la aceptación, una aceptación basada en la confianza en sí mismo y en la existencia.

Se trata de descubrir el sentido de la vida, de sentir nuestra unión con todo lo que existe.

Aprender a cuestionar nuestro afán de diferenciarnos unos de otros y aprender a vivir como parte de la vida y sentir que el bien de la existencia y nuestro bien, es el mismo.

El puente que nos conduce a esta manera de sentir la vida es el Amor. El Amor cura porque salva todas las barreras y nos conduce hacia la Unidad.

El medio por excelencia para alcanzarlo es el perdón.

Perdonar a los otros y perdonar al niño que vive en nosotros, que vivió en silencio y sintió rabia y rencor en soledad, sin tener a alguien a su lado que lo apoyara y lo entendiera.

Preguntas para meditar: ¿En qué aspecto he fallado?

¿Qué es lo que me censuro tan profundamente?

¿Por qué me castigo y me condeno? 

¿Cómo y por qué dejé de crecer a mi modo?

 
 

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