La mejor herramienta para que el virus no te afecte.

Estar presente: La mejor herramienta para que el virus no te afecte.

En este momento, en el que muchas personas en todo el mundo se encuentran afectadas directa o indirectamente, como se dice a causa del virus, quiero mandarles un mensaje de tranquilidad, que pueda servir para evitar que muchas personas entren en pánico, por desconocimiento de la verdad.

Quiero dar mi opinión como psicodescodificador de las enfermedades,  de cuál es la causa emocional  por la cual los habitantes de la ciudad de Wuhan, en China,  empezaron a verse afectados por el virus

por qué afectó a tantas personas al mismo tiempo y, por qué se sigue propagando por el resto del mundo y además, por qué afecta, preferiblemente,  a las personas mayores o a las que están inmunodeprimidas, como consecuencia de estar afectados por lo que se conoce como enfermedades  “crónicas”.

Bueno, para empezar quiero decirles que  de ninguna forma estoy de acuerdo, con el viejo paradigma, de que la enfermedad se trata de un hecho fortuito (basado en la buena o mala suerte)  y cuyas causas siempre proceden del exterior, de un germen (bacteria, virus, hongos), de una mala alimentación, de factores climáticos, de un sistema inmunológico débil, o de una comida en mal estado, etc.

Yo he comprobado personalmente y a través de muchas personas con las que me he relacionado a lo largo de muchos años, que cualquier enfermedad tiene su origen, es decir, surge de un impacto emocional previo, dramático, inesperado, vivido en soledad.

Es decir, que no pudimos expresar nuestros sentimientos mientras lo estábamos viviendo  y, además, no supimos encontrar una solución concreta y definitiva a dicho conflicto, en aquel preciso momento en que nos ocurrió.

¿Cuál fue el conflicto emocional que vivieron los habitantes de Wuhan?

Como se puede comprobar a través de la prensa, (La Vanguardia, día 5 de Julio de 2019),  miles de personas salieron a las calles de la localidad china de Wuhan para protestar por la construcción de una nueva planta incineradora de residuos sobre los restos de un antiguo vertedero de basura, que esperaban se convirtiera en un parque público.

Que la infraestructura se haya proyectado a menos de tres kilómetros de dos universidades y de diez zonas residenciales ha hecho que cunda el temor a consecuencias medioambientales y de salud negativas.

Las autoridades han tratado de desactivar el descontento asegurando que todavía no se ha elegido la ubicación final.

Claro está que, previamente los manifestantes, según cuentan otros medios, no fueron muy bien recibidos por la policía y el ejército (como se puede apreciar en algunas fotografías publicadas). 

El conflicto emocional que vivieron fue el de querer defender su territorio (bronquios), por amenazas de contaminación (incineradora) que piensan que en un futuro, más o menos lejano, les perjudique su salud por falta de aire puro y les pueda acarrear la muerte (pulmones).

Y aunque el miedo a morir estaría relacionado con el futuro, el inconsciente que siempre está en el “ahora” lo identifica con miedo a morir ahora, y además, se sintieron agredidos, sometidos y no pudieron defenderse (tos).

¿Por qué la infestación es a través de un virus?

Fue el Dr. Ryke G. Hamer y su 4º ley biológica, el sistema ontogenético de los microbios, el que se percató de la función de los virus, bacterias y hongos en nuestras “enfermedades”.

Él descubrió que en cualquier enfermedad se encuentran dos fases muy bien diferenciadas:

La fase de estrés o de conflicto activo (las personas creen que en el lugar donde se encontraba el vertedero iban a construir un parque y de pronto, les dicen que no, que construirán una incineradora).

Y la segunda llamada fase de reparación; cuando el sistema nervioso vegetativo se relaja porque ha encontrado la solución o una vía de salida para lo que le tenía estresado.

En este caso la relajación o reparación viene cuando el gobierno local les dice que la ubicación de la incineradora no es definitiva y que verán otras posibles ubicaciones.

Pues bien, la enfermedad se instala en el cuerpo en la fase de estrés, pero en esta fase no hay ningún síntoma, pero los órganos que están relacionados con el conflicto, bronquios, tráquea, laringe, pulmones se verán afectados por el impacto emocional.

Pero, al igual que el león empieza a lamer sus heridas en su cueva (relajación), después de la pelea (estrés) en los humanos ocurre lo mismo.

Nuestras heridas las curan los microorganismos.

En este caso los virus  y siempre actúan en la fase de reparación del conflicto emocional y cuyo cometido es cambiar la información celular.

La ciencia sabe perfectamente que  el propósito biológico de los millones de microorganismos que viven en nuestro cuerpo es procurar el buen estado de los tejidos.

¿No creen ustedes que los seres humanos, al igual que las células, también necesitamos urgentemente cambiar la información de nuestra mente, es decir, cambiar nuestras creencias, valores, etc.?

¿Y por qué afecta a tantas personas?

Pues muy sencillo, porque todas comparten el mismo conflicto emocional y por supuesto, sus miedos.

¿Por qué se propaga al resto del mundo?

Porque, ¿en qué parte del mundo no hay, a diario, peleas, discusiones, diferencias de opinión, consejos molestos que nos han dado, peticiones desagradables que nos ordenan, etc.?

Se trata de situaciones en las que hemos buscado defender nuestras ideas, principios, libertades, costumbres o gustos, frente a alguien.

Y no lo hemos logrado, nos hemos sentido incapaces de defendernos en nuestro territorio.

Y por otra parte, ¿cuántas personas no están afectadas, real o simbólicamente, por el miedo a la muerte, incluido el miedo a morir por el coronavirus?

¿Cuál es la causa de que afecte más a los ancianos y a las personas con un sistema inmunológico deficiente?

Porque debemos de tomar conciencia de algo muy importante.

Las personas, como los animales, no mueren por un virus, por un cáncer o por una neumonía, solo morimos por dos causas fundamentales: por agotamiento o por distracción.

Los leones siempre atacan y matan a las presas que están heridas, agotadas y por tanto, indefensas.

Y no hay nada más fuerte que nos haga mermar nuestras energías, que el miedo, la tristeza, la depresión, la desesperanza.

Y también a aquellas otras que se encuentran distraídas.

En los seres humanos la distracción sería la causa principal de muchos accidentes.

Y está directamente relacionada con la inconsciencia, o mejor dicho, con la falta de consciencia.

Es decir, cuando vivimos alejados de nuestro centro de poder y atribuimos este al exterior, creemos que todo procede de afuera, la salud, el dinero, la enfermedad, el amor, todo procede del exterior.

Es un punto de vista que nos mantiene en la dualidad del bien y del mal, del victimismo, sin poder alguno.

Estar en coherencia:

No se puede considerar que la enfermedad sea debida a los gérmenes o a la simple casualidad.

Esta visión mecanicista de estar rodeados de microenemigos invisibles, capaces de matarnos si se lo proponen, le causa miedo a cualquiera.

Por eso recurrimos a medios externos, mascarillas, lavarnos las manos constantemente (que no digo que estén mal, no, son útiles) o vivir con miedo a que alguien nos pueda contagiar.

Lo cual nos hace estar separados y, ya no digo nada, de abrazarnos, ¡eso está prohibido!

Sin embargo, esta nueva visión, en donde nuestras emociones son las que abren la puerta, las que nos conducen a la enfermedad si no las gestionamos bien, nos permite responsabilizarnos de nuestra salud:

Yo me enfermo, yo me sano.

Por eso podemos aprovechar este momento de reflexión para dejar de luchar y tomar conciencia en qué situación nos encontramos en relación a nuestros miedos y si estamos viviendo como queremos vivir, es decir, si estamos siendo coherentes en nuestra vida.

La sanación no es una gracia que nos viene desde fuera, sino que es una facultad que todos poseemos en el interior  para uso personal.

De la misma forma que nadie puede caminar, respirar o comer por nosotros, tampoco nadie tiene el poder de curarnos.

Nadie puede hacer esto en nuestro lugar, nosotros somos los únicos que podemos controlar nuestros deseos egoístas, nuestra confusión o desesperanza, nuestra inconsciencia.

Trascender una enfermedad es algo que solo puede hacer quien está enfermo, porque es el único capaz de realizar los cambios necesarios para alcanzar la verdad superior relativa a esa misma enfermedad y elevarse por encima del conflicto y del nivel de desequilibrio que produce hasta un nivel superior de paz y equilibrio.

La comprensión es la única herramienta que aporta solución a nuestros problemas y facilita el cambio necesario a nuestras vidas. Sanarse es ante todo conocerse y comprenderse.

Autor: Joman Romero (Psicodescodificador biológico de las enfermedades)

Nuestro cuerpo, la mejor herramienta para el autoconocimiento

Imagen: guadanews.es

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