Origen emocional del ALZHEIMER

 

Enfermedad neurodegenerativa que afecta a distintas áreas del cerebro.

Se caracteriza  por una pérdida de la memoria inmediata o a corto plazo, con la presencia de un deterioro cognitivo y trastornos conductuales.

Es la consecuencia de conflictos emocionales repetitivos no resueltos. Vividos en todos los entornos (separaciones dramáticas, agresiones, problemas de dinero, de pareja, con los hijos, en el trabajo, en la casa, etc.) que le han provocado numerosas cicatrices hasta un nivel tan grande que no lo ha podido soportar.

El enfermo de alzheimer no solo ha vivido fuertes impactos emocionales, sino que estos se han repetido durante muchos años. Han tenido una vida emocionalmente dramática.

Biológicamente estos conflictos han producido daño en el tejido cerebral  y como consecuencia han ido apareciendo numerosas cicatrices que impiden el funcionamiento normal del cerebro.

El afectado ha sufrido toda la vida y nunca ha sido capaz de exteriorizarlo. Ha ocultado las verdaderas emociones, tal vez debido a su educación o a sus ideas religiosas o para no herir, ofender o lastimar a los que les rodean.

La gente a su alrededor siempre ha pensado que se trata de  una persona fuerte, madura, estable, alegre, muy buena, incapaz de odiar, de decir una mala palabra, de quejarse o de levantar la voz.

Sin embargo, dentro de él hay una persona frágil, vulnerable y con muchos miedos.

Y, especialmente, siente pavor porque los demás se den cuenta de su vulnerabilidad, de que no puede seguir fingiendo, que en su interior ya no puede más con tanta carga y que se está rindiendo.

Emocionalmente se niega ya a ver la vida como una opción porque a él le ha sido muy difícil y, poco a poco, se irá olvidando de quien es, para que ya no le duela.

La enfermedad le ha dejado al descubierto. La única función biológica por la cual una persona puede presentar alzheimer es porque su mente quiera olvidar lo vivido y borrarlo permanentemente.

“Yo ya no quiero equivocarme, ya no quiero pensar, ya no quiero vivir”.

Conflicto de no poder comprender las cosas. Si no comprendo algo, no puedo aplicarle una solución.

Conflicto de falta de reconocimiento: “No puedo reconocer a los demás porqué yo mismo no fui reconocido”.

Conflictos de contrariedad: Exigirse constantemente hacer algo que no se quiere hacer hasta que la única solución es olvidarse de las obligaciones. “Quiero que estén conmigo, pero yo no quiero estar con ellos”.

La persona que contrae esta enfermedad ha vivido en un estado de angustia y cólera constante.

Se ha sentido desesperada porque no ha sabido aceptarse, ni ha sido capaz de aceptar la vida tal como es.

El hecho de haber pasado por muchas dificultades o haberse sentido psicológicamente muy presionados.

O por un agotamiento de las energías como consecuencia de una vida muy activa, en la que han tenido que tomar muchas decisiones y han asumido muchas responsabilidades.

Todo esto ha servido como causas para que el individuo se desespere y busque una protección de su entorno.

A la misma vez que busca una venganza inconsciente,  a través de una patología como el Alzheimer con la que el contacto con la realidad queda bloqueado por la pérdida de sus facultades conscientes.

También puede manifestarse esta enfermedad en un momento en el cual el enfermo ha perdido algo a lo que estaba muy apegado: “conflicto de separación”.

Puede tratarse de la pérdida de contacto con alguien o a la separación simbólica de su juventud, del poder, del éxito, de la belleza, etc.

Como consecuencia, creen que su vida se derrumba porque le faltan los cimientos.

Inconscientemente, cortan la relación con el mundo y se niegan a responsabilizarse de su vida, obligando a los demás a que asuman  sus propias responsabilidades.

En definitiva, es como una regresión en el plano corporal, psíquico y espiritual hacia la infancia.

Si no he vivido algo relacionado con lo anterior, he de buscar en el proyecto sentido la verdadera historia de mis padres.

Lo que pensaban y sentían, cómo fue mi concepción, debo encontrar historias relacionadas con falta o ausencia de reconocimiento, con no querer ver la realidad de las cosas, con querer rendirse, etc.

También he de averiguar  si mi madre vivió alguna experiencia similar durante su embarazo y yo lo he heredado.

De no ser así, he de mirar en mi árbol genealógico y buscar entre mis ancestros quién vivió historias tortuosas, dramáticas, de desamparo e incomprensión: Asesinatos, suicidios, enfermedades mentales, huidas, etc.

Recomendaciones para recuperar la salud física, emocional y espiritual:

Una vez que este malestar se ha desarrollado, es muy difícil volver al principio debido a la negativa del afectado por curarse, lo adecuado para no llegar a estos extremos, es el acto de prevenir.

La mejor prevención para esta enfermedad es el desapego de las cosas materiales y buscar la conexión con nuestro verdadero poder, con la divinidad interior.

Asumir que podemos continuar siendo una persona importante y querida, aunque ya no queramos tener la responsabilidad de hacernos cargo de todo, ni acordarnos de todo.

Desprendernos del pasado y vivir aquí y ahora. Relajarnos. Asumir la muerte. Volver a ser como un niño.

Ha de prestarse mucha atención a la pérdida o debilidad notable de la memoria que suele presentarse como mecanismo de protección frente al sufrimiento provocado por una separación no deseada.

 

Imagen: cuerpomente.com

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