Origen emocional de la MIGRAÑA

 

Una migraña es un dolor de cabeza  pulsátil e intenso que habitualmente afecta a un lado de la cabeza, aunque puede afectar a ambos.

El dolor empieza repentinamente y puede ir acompañado de náuseas, vómitos y fotofobia (sensibilidad a la luz).

Con el fin de aportar más nutrientes a una zona del cerebro se produce una vasodilatación arterial que provoca el aumento de la presión intracraneal localizada.

¿Para qué una migraña, cual es el sentido biológico? Para que paremos de darle vueltas a la misma situación, para que paremos esa excesiva actividad mental.

En la cabeza está nuestro centro de mando, desde el que  pensamos, razonamos, tomamos decisiones, prevenimos imprevistos, etc.

Si por algún motivo ajeno a mí, siento que estoy perdiendo el control, que mi rutina se altera, que mis expectativas no se cumplen, que algo no sale como yo quiero o alguien interfiere en lo que yo tengo planeado:

¿Qué me puede ocurrir? Pues una migraña.

Podríamos decir que la migraña va asociada a una emoción de intolerancia, a una incapacidad de adaptación a los cambios, a lo imprevisto, a lo inesperado.

La persona que tiene este síntoma no está preparada para la frustración: “Rechazo la frustración, siempre quiero que todo salga como debe ser, nunca estoy satisfecho”.

“Siempre me falta algo para estar bien”.

También puedo provocarme una migraña tras un conflicto de desvalorización intelectual por sentirme desconcertado ante un problema o un peligro que no digiero, que no acepto y que quiero resolver con el pensamiento, con la razón.

“Me desvalorizo intelectualmente”.

“Hay que ser más eficaz, hay que argumentar las capacidades intelectuales propias, encontrar una solución”.

La persona propensa a la migraña suele ser muy cerebral, intolerable, exigente, perfeccionista, apasionada, acumula y asume muchas responsabilidad y no acepta bien sus límites.

Tiene la tendencia a querer controlar e intenta buscar una solución mental a todo. “Me paso el día reflexionando, debo hallar una solución con mi cabeza que es imposible”.

“Busco, con mi imaginación, soluciones a todos mis problemas, aunque no esté en mi mano”. “Me siento culpable por no encontrar la solución acertada”.

…Y continúan dándole vueltas y vueltas en la cabeza y no emprenden acciones.

“Incapacidad de cumplir lo que se le ha pedido o aquello que tiene que realizar”.

“Objetivo por alcanzar que le parece inaccesible”.

Migrañas de estrés: Conflicto de controlar y buscar siempre una solución a todo.

No tomar decisiones. “Debo hallar una solución con mis pensamientos».

Dependiendo de la zona donde se manifiesta el dolor:

Migrañas de fin de semana: “No tengo derecho a la felicidad”.

Las migrañas premenstruales: Conflicto de desvalorización.

“Me da miedo quedarme embarazada”.

“No me siento a la altura, no soy capaz”.

“Necesito ser muy eficaz en lo que hago”.

«Tengo demasiadas cosas que hacer».

Migrañas oftálmicas u oculares: Suelen llamarse “migrañas silenciosas” porque pueden suceder con o sin dolores de cabeza. Se caracterizan por disturbios en la visión que ocurren en un ojo.

La causa de ésta migraña está relacionada con la actividad visual.

¿Qué conflicto tengo que afecta a mi visión? ¿No puedo ver algo o alguien que necesito ver?

“Veo cosas que no comprendo y, por lo tanto, no las quiero ver”.

En la frente: Desvalorización por algo mental, pero concreto y material.

Más alto de la frente: Desvalorización por algo mental de nivel superior, no material abstracto y que necesita un mayor nivel de evaluación.

Zona temporal: Conflicto de desvalorización intelectual en relación al territorio.

También en relación al tiempo (clima) o al futuro.

Occipital: Desvalorización intelectual en relación al pasado y la muerte. Frontal izquierdo: Desvalorización intelectual relacionada con los conflictos de la tiroides.

La migraña también puede afectar a aquellas personas que continuamente se sienten obligadas a superarse sin tener en cuenta sus limitaciones ni sus necesidades reales.

Puede tratarse de individuos que se han sentido sometidos a restricciones, impedimentos u obligaciones en el ámbito afectivo o familiar.

Por consiguiente, no se conceden el derecho de ser lo que quieren, de seguir la dirección deseada.

Dudan de sí mismos y creen que “no pueden”, por eso viven apegados a alguien, aunque sienten miedo de ser manejados y manipulados.

El dolor aparece cuando sienten terror a que se descubra que han hecho algo mal, es decir, que viven con una inquietud constante para no decepcionar.

Para contrarrestar, esa angustia, se esfuerzan trabajando durante más tiempo y más duro que los demás y así conseguir la aprobación.

Igualmente puede manifestarse en aquellas personas que tienen dificultades en su vida sexual, tales como la represión desde la infancia, miedo o rechazo y que ahora vuelve a la superficie.

Es como una lucha, que se desenvuelve entre los pensamientos y la sexualidad, que le sube a la cabeza y que tienen la sensación de que ésta les va a explotar.

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Imagen: futuro.cl

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