Vivencias en el comienzo de la vida de una persona DESCONFIADA

Desde pequeño tiene una gracia especial y ha destacado sobre los demás por su inteligencia, su soltura, sus habilidades, talento, don de gente, capacidad de comunicación, etc.

Es decir, que posee una personalidad muy superior a la media.

En la familia ocupa un lugar muy destacado, como, por ejemplo, porque es el primogénito o el benjamín, o es hijo único o el más inteligente entre todos los hermanos, etc.

También puede ocurrir que sea otro miembro de la familia el que ocupe un lugar especial y no él, entonces envidiará la posición de la otra persona e intentará imitar su comportamiento para hacer ver que también él es especial, el mejor.

De esta manera, se convierte en el centro de la familia. Percibe que ocupa un lugar importante y esto hace que, poco a poco, el orgullo empiece a enraizarse en su personalidad desde una edad muy temprana.

Existe una relación con un padre o una madre seductores. A menudo es el predilecto de uno de ellos, preferiblemente es el ojito derecho del progenitor de sexo opuesto. Esta seducción está dirigida a ganarse al niño, a que tome el partido del progenitor que seduce.

El niño es amado excesivamente por ese padre o esa madre que ansía que su hijo perfecto satisfaga sus necesidades emocionales, sus fantasías o deseos no cumplidos.

Es adulado, mimado y protegido en exceso, se le da todo lo mejor, incluso, si cabe, en detrimento de sus propios padres.

Inconscientemente, los padres orientan al niño a la consecución de objetivos.

Él comienza a darse cuenta de que deberá actuar activamente haciendo cosas y obteniendo logros que agraden a los padres y por los que reciba valoraciones y gratificaciones.

No importa cómo él se siente, cómo se encuentra, lo verdaderamente importante es aquello que él logra y cómo lo hace.

De esta manera el entiende que para obtener la consideración positiva de su papá o de su mamá tiene que aprender a reprimir sus emociones y a posponer y a renunciar a sus intereses y a sus deseos para satisfacer los intereses y deseos de sus padres, especialmente los del progenitor seductor, que es quien le protege y apoya.

Y, al mismo tiempo, defenderse del progenitor del mismo sexo, quien considera como potencial enemigo y a quien evita satisfacer porque considera que no le ama totalmente.

Así el niño aprende instintivamente que para encajar en ese brillante ideal que sus padres han establecido tiene que complacerles y conformarse a hacer lo que esperan de él, de esta manera recibirá la recompensa de seguir siendo el preferido y conservar su lugar de poder.

Fue estimado por aquello que podía producir y conseguir, más que por sí mismo.

Aprendió que el modo de recibir aprobación y amor se centraba en el rendimiento que estaba acompañado de éxito, por lo que se empeñaba en hacer cosas extraordinarias en pos del reconocimiento e intentando que todo el mundo lo admire y lo quiera.

Aprendió que el modo de recibir aprobación y amor se centraba en el rendimiento que estaba acompañado de éxito, por lo que se empeñaba en hacer cosas extraordinarias en pos del reconocimiento e intentando que todo el mundo lo admire y lo quiera.

La idea es trabajar duro para alcanzar el papel de líder y ganar. No puede fracasar, puesto que ha aprendido que solo los ganadores eran dignos de amor.

Por eso aprende a seducir, a manipular y a proyectar una imagen de sí mismo que no es real, que incorporará las características ideales de un papel.

Ha creado una imagen en función de lo que cree que hay que mostrar para atraer la atención de los demás y vive apegado a esa imagen separado de su propia identidad.

Al principio se da cuenta de que está actuando, que está representando determinados comportamientos que le reportan atención, reconocimiento y aprobación, pero conforme van transcurriendo los años se va identificando con los papeles que interpreta para obtener la atención de los demás y conseguir sus objetivos.

Como consecuencia, pierde el contacto consigo mismo y opta por ser quien esperan que sea.

Tratar de ser él mismo puede resultar peligroso, porque conlleva el riesgo de cometer errores y que se den cuenta de que no es tan perfecto como piensan y, por lo tanto, decepcionarlos, perder el reconocimiento que le prodigan y ser traicionado.

¿En qué tipo de situaciones puede el niño sentirse traicionado real o simbólicamente?

Puede haber muchas circunstancias que fomenten el sentimiento de traición como, por ejemplo:

Se traiciona cuando alguien no ha cumplido una promesa, un acuerdo, una expectativa, etc.

O cuando alguien está faltando a su palabra.

A través del proceso mismo de crecimiento en el que generalmente los padres dejan de poner tanta atención en ellos.

Entonces el niño se da cuenta de que ha crecido y de que ya no recibe toda la atención por parte de sus padres, como cuando era «más pequeño».

Del mismo modo, podemos sentirnos traicionados tras un proceso de separación, divorcio o muerte de uno de sus progenitores.

Asimismo, se puede sentir traición después de la venida de un nuevo miembro a la familia y es ahora éste quien atrae toda la atención de sus padres.

También cuando una niña siente que es dejada de lado por parte de su padre debido a la llegada de un varón o, al contrario, por parte de su madre.

La persona que ha sufrido traición, una vez se haga independiente, continuará con la misma conducta en sus relaciones interpersonales hasta que, finalmente, decida trascender el ego para conectar con la propia identidad, con la esencia misma del alma.

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Imagen:criarconsentidocomun.com

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