Vivencias en el comienzo de la vida que hacen que nos sintamos rechazados

El ser, desde el momento que es concebido, en el nacimiento, así como durante su infancia, siente la debilidad de depender de aquellas personas que están a su alrededor.

Dicha vulnerabilidad crea en el niño una gran sensibilidad hacia cualquier agresión física o amenaza (real o imaginaria) y proporcionará la reactivación de los recuerdos procedentes de la vida pasada.

¿Cuáles pueden ser las condiciones de la vida presente que pueden reactivar esta memoria?

En la concepción y durante la vida intrauterina:

Lo que en psicodescodificación se denomina «Proyecto Sentido» es la información inconsciente que hemos recibido.

Es lo que nuestros padres pensaron y desearon inconscientemente, antes o en el momento de la concepción, y que permanece vinculado a nuestras vidas.

¿Cómo estaban nuestros padres a nivel emocional, profesional, material, etc. antes o durante la concepción y qué ocurrió en el seno de la familia durante nuestra gestación?

¿Ha sido un bebé deseado por los padres?

¿Su sexo es el de preferencia de la familia?

Cuando un niño está en el vientre de su madre, vive los estados emocionales de ella.

El bebé siente como propio lo que le sucede a mamá, sus enfados, sus alegrías, su tristeza, sus preocupaciones e incluso lo no dicho, lo no expresado, los secretos, etc.

Del mismo modo, las diversas complicaciones físicas que puedan ocurrir durante este periodo, como, por ejemplo, un problema de toxicidad en la placenta ocasionado por el tabaco, el alcohol, fármacos, etc.

O bien por estudios realizados a través de la placenta como la amniocentesis, que es una prueba invasiva o quizás por el empleo de inyecciones, etc.

Cualquiera de estas experiencias pueden reactivar antiguas memorias de rechazo, envenenamientos o agresiones físicas que harán confirmar al nuevo ser que el mundo físico es un lugar hostil y peligroso.

Vivencias durante el nacimiento que reactivan el miedo y el dolor:

El parto es uno de los momentos claves de nuestra vida, y quizás una de las experiencias más impactantes que experimentamos.

El miedo que haya estado presente en el momento de nacer quedará como un temor latente e inconsciente que resurgirá ante cualquier cambio importante que vivamos en nuestra vida.

Las dificultades que se manifiestan en el momento de pasar por el canal uterino pueden rememorar experiencias de aplastamiento, de asfixia o encarcelamiento en lugares angostos donde, incluso, han podido morir.

Del mismo modo, si el médico te manipuló mientras nacías, utilizando técnicas agresivas…

Por ejemplo, en el caso de parto asistido por fórceps, intentando ayudarte, y te hizo daño, pueden reactivar recuerdos de malos tratos físicos, acompañado de un gran sentimiento de impotencia.

Por otra parte, el modo como se recibe al bebé en la gran mayoría de los hospitales puede reactivar memorias de agresiones físicas.

Por ejemplo: la práctica de cortar el cordón umbilical de forma inmediata, antes de que empiece a respirar por sí mismo, puede hacer sentir al bebé un gran dolor emocional y un sentimiento de separación de su madre.

Contando, además, con las condiciones en las que se trabaja en una sala de partos de un hospital…

Como los focos de luz demasiado potentes, los ruidos excesivos, la diferencia de temperatura existente entre la habitación y la que el bebé tenía dentro del vientre de su madre, etc.

Cualquiera de estas situaciones pueden ser vividas por el recién nacido como experiencias de gran dolor físico y emocional y programando de nuevo en su inconsciente el terror que provoca el estar dentro de un cuerpo físico.

«Ya lo sabía, la gente es peligrosa, este mundo es peligroso, no quiero estar viviendo aquí, haré todo lo que pueda para no estar aquí. Tengo miedo».

Por supuesto, no estoy enjuiciando aquí la profesionalidad de los médicos o de las enfermeras. Ellos hacen siempre, con gran dedicación, todo lo que saben y pueden.

La preparación de estos profesionales es indudable. Gracias a sus conocimientos y a su formación está casi garantizada la supervivencia física del recién nacido.

Sin embargo, hay algo tan importante o más que tratar de salvaguardar su cuerpo físico, su salud física y es su estado psicológico.

La realidad psíquica del recién nacido ha sido ignorada durante muchos años, durante varias generaciones.

Cuando un nuevo ser llega a este mundo, él grita desesperadamente: «Estoy aquí! Prestadme atención».

Pero nosotros, los mayores, estamos preocupados solo de su cuerpo, nos motiva mucho poner una crema aquí, unas gotas en otra parte, explorar sus oídos, sus pies, sus manos, su peso, etc., pero a él lo que realmente le preocupa es que le demos la bienvenida a su Ser.

Afortunadamente, ahora las cosas están cambiando, en gran medida gracias a la aportación fundamental de los doctores Frederick Leboyer y Michel Odent, ginecólogos y obstetras franceses que revolucionaron la forma de considerar los partos.

Ellos nos hicieron ver que un parto no solo hace referencia a una mujer que da a luz, sino que se trata del nacimiento de un nuevo ser.

Fueron los primeros especialistas que, basados en su propia experiencia personal, estudiaron el trauma del nacimiento y criticaron las condiciones que ofrecían los hospitales del mundo occidental.

Gracias a ellos y a sus discípulos, hemos podido tomar conciencia de una nueva forma de nacer y que lentamente se ha ido abriendo camino hasta el día de hoy, en el que numerosos profesionales lo practican de manera consciente.

No obstante, siempre hemos de tener presente que las cosas no ocurren por casualidad.

Las personas venimos a este mundo con el propósito de liberar algunas memorias impresas en el alma para poder curar las heridas que en su momento no fueron integradas.

Para ello, inconscientemente, elegimos vivir una serie de experiencias que, o bien a nivel individual o colectivo, son las adecuadas para poder llevar a cabo el aprendizaje que nuestra alma necesita en la vida presente.

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Imagen:psicoactiva.com

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