Vivencias que pueden ocasionar SENTIMIENTO de ABANDONO

Durante el tiempo que el bebé ha permanecido en el vientre de su madre sus necesidades físicas han sido cubiertas de una forma natural.

El niño en este periodo ha permanecido en conexión íntima con su madre, a la que no podía diferenciar de sí mismo y en ese hábitat se ha desarrollado y se ha sentido seguro.

Una vez que el niño ha nacido, necesita física, energética y psíquicamente la presencia de su madre.

Necesita percibir su olor, su contacto para saber si está seguro y el instinto maternal estimula a esta a amamantarlo, sostenerlo, abrazarlo y estar a su lado el mayor tiempo posible, al menos durante sus dos primeros años.

El cuerpo del niño en su totalidad es un órgano sensorio abierto a todo tipo de impresiones.

El niño es extremadamente sensible a su entorno inmediato, por eso una expresión de amor, una sonrisa, un ambiente agradable y acogedor por parte de las personas que lo rodean, todo influye en el niño; de la misma manera que lo hacen las sensaciones negativas, los actos insensatos o cualquier otra actitud negativa.

Los primeros días de vida de un niño tienen una influencia duradera dado que las primeras impresiones crecen con el cuerpo del niño.

Muchos estudios a nivel internacional indican las malas prácticas que se suelen realizar en los hospitales (públicos y privados) en uno de los momentos más importantes de la vida humana: el nacimiento.

Desafortunadamente, aún persiste en algunos centros maternales la costumbre de cortar el cordón umbilical que le une a su madre de forma inmediata.

Hasta ahora, el bebé recibía su alimento a través de este órgano; si nosotros detenemos bruscamente ese flujo de energía física y psíquica, le podemos causar un gran dolor emocional y un sentimiento de separación de su madre.

Semejante hecho puede reactivar memorias, de vidas anteriores, relacionadas con situaciones en las que han sufrido separaciones crueles y, como consecuencia, pérdidas y abandono.

Existen otras conductas negativas inconscientes que se suelen realizar en algunos hospitales.

Me refiero a la costumbre que hay de separar al bebé del calor y los latidos de su madre para las revisiones médicas, para lavarlo y ponerle sus nuevos pañales y después colocarlo en una cunita separado del calor de su madre.

Esta ausencia después del parto es percibida por el bebé como un peligro para su supervivencia.

Para evitarlo, ¿no sería mucho mejor poder realizar todas esas pruebas colocando al bebé encima de su madre para que pueda seguir manteniendo el contacto, piel con piel y percibiendo su olor y su energía?

Aunque a nivel científico, por desconocimiento, no se tenga en cuenta, hay una unión muy importante entre el bebé y su madre a nivel energético que se prolonga más allá después de haber nacido y cortado el cordón umbilical.

El cuerpo etérico del bebé y de la madre está totalmente unido. El parto provoca la separación de los cuerpos físicos, pero la unión energética se prolonga más allá.

El empleo de estas costumbres puede ocasionar estados de carencia afectiva al bebé, que pueden desembocar en un sentimiento de abandono doloroso.

Es fundamental que la madre, gradualmente, vaya soltando a su hijo, que acompañe la progresiva separación con plena consciencia, para que no sufra un trauma.

Por otra parte, la lactancia materna tiene una grandísima importancia en el desarrollo de la persona desde que nace.

Para el bebé, la alimentación no es solo la satisfacción de una necesidad básica, sino, además, la ocasión para disfrutar de cuidados y amor.

La alimentación representa el primer vínculo con la vida y con el amor, es decir, con la madre. Este sentimiento, esta relación, se conserva para siempre.

En la sociedad actual no se le da el valor que merece a la lactancia materna, que debería ser lo normal, lo natural, lo sano; se considera que la leche materna solo tiene un valor nutritivo, con lo que la lactancia artificial se normaliza y pasa a ser una elección sin tener en cuenta las consecuencias para el bebé.

Desde la antigüedad es de sobra conocido que la lactancia materna supone un extraordinario aporte energético y psíquico para el bebé que la lactancia artificial no puede proporcionarle.

Por ejemplo, la madre, a través de un pequeño chakra que tiene en su pezón, intercambia energía e información con su bebé, y que será determinante para la salud física, emocional y psíquica para el resto de su vida.

Creo que es muy importante que las madres estén muy informadas al respecto para que puedan tomar una decisión consciente y no pensando que da igual una cosa que otra.

Hoy en día las grandes compañías que se dedican a la fabricación de leche artificial pueden abusar de la ignorancia de las personas y tratar de hacernos ver que a nivel nutricional no hay diferencia entre un tipo de leche y otra. Cosa que no es cierta en ninguno de los ámbitos.

La alimentación artificial ha de ser siempre el segundo recurso al que una madre ha de recurrir cuando, por una razón u otra, no pueda amamantar a su hijo.

Es cierto que en esos casos en los que la madre no tenga otra opción, el biberón va a ser un sustituto absolutamente necesario y útil.

Pero también en estos casos, lo ideal sería que la mamá aprendiera a darle el biberón de forma consciente porque, aunque el efecto para el bebé a nivel psicológico, en la formación del yo, etc., no va a ser lo mismo, sí le puede ayudar más que si lo hiciera de forma mecánica.

El biberón se puede dar con contacto físico, piel con piel, intercambiando la mirada, a demanda del bebé y no con horarios establecidos por otras personas, e incluso, si es posible, recurrir a la misma leche de su madre o a un banco de leche para llenar el biberón.

No obstante, el bebé alimentado a través del biberón posiblemente va a notar una carencia energética, que indefectiblemente puede hacerle reactivar memorias de privación y abandono.

Hay otras situaciones en la vida en las que personas con estructura de carácter oral han podido sentir profundamente la falta de afecto o el abandono por parte de su madre o de cualquier otra persona de la cual era dependiente, aunque las intenciones de estas no hubieran sido la de provocárselo. Pero, por supuesto, siempre se trata de impresiones subjetivas.

Puede sentirlo en situaciones reales de abandono físico porque su madre fallece o se separa de él por razones laborales, por separación o divorcio, por motivos de desestabilización emocional, económicos, etc.

Pero incluso si el niño lleva fuertes memorias de privación, soledad y abandono de otras vidas, cualquier situación similar, por insignificante que parezca, como la ausencia de la madre durante unos días o el ingreso del niño en un parvulario o su estancia en un hospital o quizás por haberlo dejado al cuidado de unos vecinos durante un breve espacio de tiempo, puede bastar para experimentar la sensación de abandono y desamparo.

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Imagen:bmc.nl

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