Métodos de defensa en la herida de HUMILLACIÓN o masoquista

Métodos de defensa en la herida de humillación: Las defensas energéticas son concebidas para defenderse agresiva o pasivamente contra una fuerza que procede del exterior.

Aunque se trata de una defensa energética, imperceptible para el ojo humano, sí se puede sentir su efecto en forma de sensaciones corporales.

Uno de los métodos de defensa que utiliza se denomina «encerrado en sí mismo».

Cuando están muy enfadados, pueden adoptar como defensa una actitud silenciosa, de retraerse y encerrarse en sí mismo, no hablan con nadie y solo tienden a conectarse con aquellas personas que le inspiran más confianza.

Cuando se encuentran en esta situación de enfado, los tentáculos energéticos actúan sobre su propia esencia tirando de él hacia abajo, con un gran peso que lo arrastra a la oscuridad.

El sujeto con herida de humillación se mantiene ausente, aunque se encuentre rodeado de otras personas, las cuales al verle se preocuparán y se prestarán a ayudarle.

Entonces inconscientemente, pero con gracia e inteligencia, les dará las gracias, pero les sugiere que la ayuda que le ofrecen no dará resultado, pero les demandará más consejos y sugerencias para rechazarlos después.

Otro de los métodos que emplea el individuo con herida de humillación o masoquista son los «tentáculos energéticos».

Tratando de hallar seguridad, lanza los tentáculos hacia el plexo solar de la persona que ha escogido en pos de atraer y conseguir su esencia interna para devorarla.

El individuo que lo sufre notará la sensación como si algo se hubiera enredado en sus intestinos.

El siguiente método que utiliza para tratar de salir del agujero, son los «dardos verbales» que emplea con el objetivo de molestar o atacar a alguien verbalmente y provocarle la ira.

El personaje con herida de humillación sabe perfectamente qué es lo que tiene que decir para herir a la otra persona, para provocarle dolor o para humillarla.

De esta manera inconsciente hace estallar la lucha y tiene una buena justificación para poder exteriorizar su cólera.

La provocación es otra forma de pedir permiso.

Él no es consciente de su provocación, cree que su intención es la de agradar y, por lo tanto, no se siente comprendido, piensa que los demás no entienden su sentido del humor.

Estos métodos de defensa demuestran la falta de autonomía del masoquista que primero provoca y después rechaza, pero se mantiene dentro de su propia prisión.

Y, por último, también hay otra característica muy peculiar que el masoquista emplea para descargar su cólera al exterior y que puede afectar en sus relaciones con los demás.

Se trata de su hábito de verter su basura mental al exterior a través de la queja.

Se pueden pasar horas y horas hablando de lo mal que se sienten, de sus enfermedades, de los problemas con su jefe, con su familia, de lo mal que están las cosas, el mundo, la vida, etc.

Él se quejará por todo.

Y si los miramos atentamente, parece que se aferran a sus quejas, a sus heridas, parece como si estuvieran disfrutando.

Y, de hecho, inconscientemente, así es, encuentra satisfacción, e incluso placer, disfrutan de la negatividad, sufriendo.

Por eso, si se les presta continuamente atención acabará consumiendo la energía de su interlocutor.

Este se sentirá cansadísimo después de terminar de hablar y el masoquista, en principio, se encontrará aliviado, pero es algo temporal debido a la descarga, pasadas unas horas necesitará a alguien en quien verter de nuevo su basura.

Para evitar este hábito y que no nos perjudique, la próxima vez que nos encontremos con un individuo con herida de humillación o masoquista y pretenda descargar su frustración en nosotros haremos lo siguiente:

Hemos de escucharlo conscientemente, sin implicarnos ni permitir que nos afecte lo que nos cuente, solo escuchar, sin intervenir y cuando termine hemos de hacerle esta pregunta:

«Ahora, cuéntame, ¿qué vas a hacer tú para solucionar este problema?».

Lo más probable es que responda que no puede hacer nada, que la culpa es de los otros o que la vida es así, etc.

A lo que debemos responder que no es nuestra intención seguir escuchando sus quejas y lamentos y que si no tiene ninguna intención de encontrar una solución es porque le atrae la negatividad, el sufrimiento, y no quiere tomar la responsabilidad de cambiar su vida.

Seguro que a partir de este momento dejará de molestarnos y buscará otro interlocutor que esté dispuesto a escucharle.

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