El principal problema de la persona con herida de rechazo respecto a su salud está basado en el profundo estado de miedo y ansiedad permanente en el que vive.
Es el sentimiento original con el que vinieron y no tiene ningún fundamento externo, ninguna causa exterior.
Su efecto es una vida cargada de estrés, con las consecuencias negativas que ello puede acarrear para su salud (insomnio, aumento de peso, debilidad en el sistema inmunológico, etc.).
Puede ser propenso a tener problemas en las articulaciones en general, pero específicamente en sus tobillos, cadera y cuello.
Está expuesto a tener dificultades respiratorias, ya que, una persona que tiene miedo su respiración no es profunda, por eso los pulmones pueden ser un órgano sensible.
También tiene tendencia a sufrir afecciones en la piel.
Se sabe que la piel es el órgano que nos envuelve y nos sirve de frontera entre nosotros y los demás. Precisamente la piel es aquello que nos separa pero que también nos puede unir.
Otro síntoma es la miopía, esta se manifiesta en aquellas personas que viven con temor a un peligro (real o simbólico) que se acerca por detrás y, por lo tanto, tiene que vigilar de cerca.
Las arritmias pueden ser frecuentes en esta personalidad. El aumento del ritmo cardíaco es una ayuda del inconsciente para poder huir de una situación complicada ante una autoridad que nos oprime.
Tiene cierta tendencia a la depresión (presencia de tristeza, pérdida de interés o placer, sentimientos de culpa o falta de autoestima, trastornos del sueño o del apetito, sensación de cansancio y falta de concentración).
Como se puede apreciar, todos estos síntomas son propios de una persona que no está arraigada en sí misma y que no está bien asentada en la vida.
El individuo con herida de rechazo es propenso a los desmayos o pérdida del conocimiento que aparece de repente cuando sentimos miedo e impotencia ante una situación que no somos capaces de afrontar.
Ante semejante situación se produce un deseo de evasión, una huida hacia la irresponsabilidad, pues nos enfrentamos con algo desagradable que no nos gusta y que tenemos la sensación de no poder evitarlo ni cambiarlo.
Otro síntoma que le permite huir es la agorafobia, que refleja el pánico que siente a los espacios abiertos y a los lugares públicos.
La anorexia es una enfermedad a la que puede tener cierta predisposición, primero porque expresa un conflicto con la alimentación (simbólicamente ésta representa a la madre) y segundo porque al estar delgado tiene menos posibilidades de «ser visto», se vuelve más imperceptible, más invisible, es otra forma de desaparecer.
Es proclive a padecer diarrea y vómitos, ya que son dos síntomas cuyo sentido biológico es el de «rechazar» lo que no queremos admitir.
Tiene cierta atracción por las drogas o los tranquilizantes, en general.
Estas sustancias están relacionadas con el sentimiento de sentirnos alejados, separados o ignorados y él encuentra en ellas la manera de evadir ese dolor.
Además le permite “escapar” ya que los conflictos no son tales después de consumir la droga porque ésta, simbólicamente, nos traslada a «otro lugar», o nos estimula enormemente.
Y todo esto lo hace por no afrontar la realidad de vivir la encarnación según los designios de nuestra alma y asumir que la civilización es el espejo que nos muestra nuestro propio retrato.
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