Un parto o nacimiento inducido se interpreta como una interrupción del ritmo natural de la vida, el bebé no pone en marcha la acción sino que se ve obligado a hacerlo rechazando con ello su capacidad de iniciativa.
El nacimiento es nuestra primera experiencia de autonomía; por ello, cuando es provocado externamente puede generar diferentes conflictos emocionales:
En primer lugar, puede tener dificultad para arrancar, para comenzar:
El bebé (y más tarde el adulto) puede sentir que no tiene la fuerza o el impulso necesario para empezar algo por su cuenta.
Existe una creencia inconsciente de «necesito que me empujen» o «necesito ayuda externa para concluir mis metas».
Frecuentemente, siente miedo al tiempo o a la espera: Puede reflejar un conflicto de la madre relacionado con la urgencia o la impaciencia.
El mensaje inconsciente que tiene grabado la madre es «no es seguro esperar» o «el tiempo se agota».
Como consecuencia, se desorienta con facilidad y le es complicado administrar el tiempo.
Probablemente, el individuo que ha nacido a través de un parto inducido puede mostrarse sumiso ante la autoridad.
Al ser un acto médico dirigido, puede simbolizar que la voluntad propia queda supeditada a la de una figura de autoridad (médico/padre/madre), lo que puede derivar en adultos que buscan aprobación constante antes de actuar.
En sus experiencias pueden sentir que los demás invaden su territorio: El bebé siente que su espacio y sus tiempos no han sido respetados.
Asimismo, puede desarrollar cierta pasividad a la hora de ejecutar sus propias acciones.
La persona puede volverse experta en planificar pero tener bloqueos al momento de la ejecución final, esperando un estímulo externo que «active» su salida.
Con frecuencia piensan que los demás tienen que hacer las cosas por ellos, se sienten indefensos y esperan que alguien los ayude.
Generalmente, son apáticos en sus relaciones y no son ellos los que las eligen, generalmente son elegidos y evitan comprometerse.
A menudo, la necesidad de inducir un parto responde a memorias grabadas dentro del clan familiar donde se produjeron muertes de bebés en partos que se prolongaron demasiado.
Nacer «tarde» fue peligroso para la madre o el hijo en generaciones anteriores.
Asimismo, puede existir un miedo inconsciente a que el bebé «crezca demasiado» y cause daño si no sale pronto.
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Imagen: blogdelbebe.com