El individuo que sintió la carencia y el abandono durante su primer año de vida, a partir de ese momento, en su memoria estará reflejada constantemente la obsesión por la maternidad y proyectará su anhelo en toda clase de relaciones.
La herida de abandono en la sexualidad se manifiesta como un miedo profundo a la pérdida, provocando dependencia emocional, complacencia excesiva para evitar el rechazo o, por el contrario, evitación del contacto íntimo.
La persona con esta herida suele usar el sexo para retener a la pareja, descuidando sus propios deseos y limitando la expresión de su verdadera identidad sexual.
Por este motivo la descarga es algo secundario y tiene la necesidad de recibir, de ser alimentado, es decir, el sexo es como una herramienta para evitar la soledad y la ruptura.
A veces siente temor a expresar deseos o poner límites por miedo a ser abandonados o rechazados.
Por eso siempre está buscando obsesivamente agradar sexualmente para asegurar la permanencia de la pareja.
Como en el intercambio sexual con su pareja obtiene una gran dosis de energía puede convertirse en adicto al sexo.
Probablemente, motivado por el sentimiento de insatisfacción que le estimula siempre a querer más y más; lo que le conduce a la dependencia.
En la herida de abandono tanto el hombre como la mujer están dispuestos a mirar hacia otro lado o mantener relaciones sexuales que no comparten o, incluso, a soportar infidelidades con tal de evitar el abandono.
Como su campo energético habitualmente está descargado, el oral se encuentra con frecuencia cansado y fatigado y, por lo tanto, su actividad sexual puede ser débil.
Es posible que la mujer no tenga orgasmos, aunque eso no quiere decir que sea frígida.
Seguramente, la persona con herida de abandono tiene la tendencia a elegir parejas distantes o que abandonan, recreando así la herida original.
La sanación implica trabajar en la autoestima, en la autonomía emocional, nutrirse, física, emocional y espiritualmente.
Además, necesita tomar la responsabilidad sobre sí mismo y desprenderse del miedo a la carencia y a la pérdida.
De esta manera aprenderá a estar satisfecho cualesquiera que sean las circunstancias y reconocer que el propio ser es suficiente en sí mismo.
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