AMNESIA, conflictos emocionales que la originan

La amnesia se refiere a la pérdida de la memoria, total o parcial, tanto de las informaciones pertenecientes al pasado como de las del presente.

La amnesia es una respuesta biológica de protección ante un conflicto emocional doloroso o traumático que la mente no puede procesar.

Es una forma de adaptación; el cuerpo expresa lo que la mente no pudo gestionar, bloqueando la información para evitar el sufrimiento.

Generalmente ligado a una «huida de la vida» o incapacidad de defenderse en una situación traumática.

El cerebro «desconecta» el recuerdo para proteger al individuo del dolor.

La amnesia es la solución que nos aporta el inconsciente para protegernos de los recuerdos que pueden ser demasiado dolorosos, hasta el punto que pueden incapacitarnos para seguir sobreviviendo.

Representa una huida de la realidad, permitiendo bloquear recuerdos insoportables o situaciones de peligro/indefensión.

La persona con amnesia tiene un miedo terrible al momento presente.

El deseo de huir y de “marchar” es tan grande que se repliega sobre sí misma por dolor, cólera, incapacidad o desesperación y se encierra volviéndose insensible a casi todo.

Me escapo, me aletargo o me hago insensible a una persona o a una situación.

La amnesia puede ser para no sentir el dolor insoportable que le ha ocasionado una separación no deseada y temida.

O también puede ser la consecuencia de todos los duelos no realizados de dramas muy dolorosos que hemos ido evitando.

Del mismo modo, la amnesia puede desencadenarse tras una pérdida de identidad (la memoria es la encargada de generar y gestionar nuestra identidad).

Debemos tener en cuenta que aunque “borremos” de nuestra memoria determinados sucesos, ellos seguirán actuando de manera inconsciente, ya que la energía de los sentimientos implicados permanecerá en nuestro interior hasta que consigamos afrontarlos conscientemente.

La solución pasa por identificar el conflicto emocional inicial y expresar la emoción reprimida para liberarla.

A partir de ese momento, cada vez que aparezca el conflicto, solo debemos observarlo y dejar de alimentarlo con nuevos pensamientos.

De esta manera integraremos la situación dolorosa y se diluirá por sí misma.

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Imagen: psiquiatria.com

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