El individuo con herida de traición vive la sexualidad acorde con su grado de desconfianza.
Se puede considerar que tiene una gran energía sexual, pero, a consecuencia de sus miedos, poco a poco, va disminuyendo, hasta el punto de que puede llegar a desaparecer de su vida.
No obstante, siempre encuentra un motivo absolutamente firme y convincente en el que fundamentar su decisión.
El placer para él no es lo principal en la relación sexual, sino más bien la utiliza como medio de conquista y para ejercer control, poder y dominación.
Aprovechará la sexualidad para seducir y para ser extraordinario.
Lo cual le conduce a estar preocupado por satisfacer sexualmente a su pareja, en lugar de a sí mismo.
Para ello, el hombre estará muy centrado en su potencia y la mujer en intentar mostrar un alto grado de excitación.
No será una relación orientada en la obtención de placer ni de contacto amoroso, sino que el objetivo es el de mantener dominada la situación.
Para el desconfiado, una mujer o un hombre seducido serán un hombre o una mujer no peligrosa.
Tanto a las mujeres como a los hombres les gusta practicar sexo cuando la idea parte de sí mismo y no del otro; cuando no es correspondido se siente traicionado.
La mujer, especialmente, siente miedo a «perder la cabeza» en el acto sexual, es decir, a la entrega.
El individuo con herida de traición vive la sexualidad acorde con su grado de desconfianza. Las dificultades en las relaciones sexuales es posible que tengan su origen en el complejo de Edipo no superado.
Ninguna otra persona puede alcanzar el concepto tan elevado que tiene de su progenitor del sexo opuesto.
Además de estar enamorada de él, es posible que también se haya identificado, en vez de haberlo hecho con el del mismo sexo.
Si, por ejemplo, se trata de un hombre, en lugar de amar como su padre, aspira o anhela ser amado por él.
Lo mismo que su madre hubiera deseado el amor del padre, actuando así igual que su madre.
Las relaciones sexuales no serán muy satisfactorias porque inconscientemente tiene miedo al coito y lo asumirá como algo por lo que hay que pasar con tal de mantener su dominio y quedar bien.
De cualquier manera, lo que le cuesta es entregarse por miedo a ser traicionado y a perder su independencia, por eso su sexualidad es más bien mental que corporal y sentimental.
Su necesidad de ocultar su miedo es lo que crea su dependencia real y su obsesión por mantenerse en el poder y en la desobediencia.
En ocasiones, suele mostrar una sexualidad hostil y puede ir acompañada de cierta fantasía homosexual.
La mujer tiene tendencia a padecer frigidez y el hombre suele sufrir con frecuencia eyaculación precoz, como consecuencia de su intención en querer que todo sea rápido.
Este estado de insatisfacción sexual generará angustia, preocupación y miedo a que se repita en futuras relaciones y al consiguiente fracaso.
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