
El esófago representa simbólicamente el canal de entrada y el puente entre el mundo exterior y nuestro interior.
Su función biológica es transportar el alimento, por lo que a nivel emocional, los problemas en el esófago se relacionan principalmente con la dificultad para tragar, digerir, aceptar o rechazar situaciones, personas o experiencias en la vida.
Conflictos emocionales asociados al esófago:
En primer lugar, no poder tragar algo (rechazo): Simboliza una situación, persona, noticia o imposición que la persona considera inaceptable, tóxica o injusta y que se niega a admitir en su vida.
El esófago también puede afectarse por un conflicto de rechazo por tener que tragar algo a la fuerza (sumisión): Ocurre cuando la persona siente que debe aceptar, tolerar o tragarse palabras, humillaciones o circunstancias en contra de su voluntad, por obligación o miedo a las consecuencias.
Asimismo, puede afectarse por un conflicto de «miedo a no poder atrapar o retener el bocado»:
Mientras que el conflicto más común es el de rechazo («me obligan a tragar algo que no quiero»), existe la polaridad opuesta: el miedo extremo a perder algo que consideras tuyo o vital.
Sientes que ya tenías una oportunidad, un trabajo, una pareja o un beneficio casi asegurado (en el esófago, ya dentro del cuerpo), pero de repente surge el miedo a que te lo quiten antes de que llegue al estómago (donde ya se consideraría «tuyo» y digerido).
Además el esófago puede afectarse por un «bocado tóxico o envenenado»:
Ocurre cuando aceptas una situación sabiendo perfectamente que te va a hacer daño, pero sientes que estás obligado a hacerlo por supervivencia (económica, familiar, etc.).
Sientes que has introducido un «veneno» a tu vida (un trato denigrante, un acuerdo injusto) y tu esófago reacciona intentando devolverlo o destruirlo con exceso de ácido. «He tenido que tragarme esto, pero sé que me va a destruir por dentro».
Finalmente, otro conflicto asociado al esófago es la rabia o agresividad contenida: Sucede cuando la persona se siente obligada a callar ante una ofensa, humillación o traición, ante una persona de autoridad, por miedo a crear un conflicto, sintiendo que debe «tragarse su enfado».
Existe una sensación de impotencia de no haber podido defenderse o de tener que hacer algo en contra de la propia voluntad. «Me tengo que tragar mis propias palabras.»
Diferencias según la zona o afectada:
Dos tercios superiores del esófago: Se vinculan al conflicto directo de aceptar o rechazar un bocado o vivencia que viene del exterior. Relacionado con la fase inicial: la dificultad directa para aceptar o rechazar de inmediato una experiencia o unas palabras. «No quiero ni ver esto, me niego a que entre en mí».
Tercio bajo: Relacionado con la digestión emocional de algo que ya se ha «tragado» pero que causa un profundo miedo, rechazo o dificultades para ser integrado. «Ya entró, lo tengo atascado aquí y no sé cómo avanzar ni cómo sacarlo».
Reflujo gastroesofágico: Rechazo a una situación que se quedó a medio camino. Simboliza ira retenida y un grito interno de disconformidad.
También se vincula con la carencia afectiva (la válvula se abre inconscientemente buscando recibir más «alimento emocional» o amor).
Me lo tragué, pero mi cuerpo lo rechaza y quiere devolverlo (reflujo)».
Conflictos relacionados al proyecto sentido y al transgeneracional o árbol genealógico:
Si durante el embarazo tu madre vivió situaciones de opresión, maltrato, dificultades económicas extremas o humillaciones y se vio obligada a callar y «tragarse» la rabia para protegerte o mantener a la familia unida, tú puedes manifestar el síntoma en el esófago.
Tu biología expresa físicamente lo que ella no pudo digerir emocionalmente.
Si justo antes de quedar embarazada o durante la gestación tus padres perdieron algo vital (un negocio, una casa, una herencia o el apoyo de un familiar) y sintieron la profunda frustración de «tener el bocado en la boca y que se lo quitaran», tú puedes nacer con la memoria biológica de que «atrapar y pasar el bocado» es algo difícil, peligroso o frustrante.
A veces el síntoma en el esófago no nace de tu vida actual, sino de una memoria familiar de escasez extrema o hambruna.
Si un ancestro murió por falta de alimento, pasó días sin comer o perdió sus tierras (su sustento), el inconsciente familiar puede transmitir un miedo visceral a «no poder retener el bocado».
La persona actual vive con un estrés constante en el esófago ante cualquier mínima pérdida económica o laboral.
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Imagen: frases333.com
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