El poder es lo que realmente le importa a la persona con herida de traición o desconfiado.
El quiere ser la autoridad, su preferencia es estar siempre en lo alto de la pirámide del poder y desde ahí, desarrollar una actitud dominante y autoritaria, es decir, lo que busca siempre es mandar.
Él solo concibe sus relaciones basadas en diferentes grados de autoridad, el que está arriba es el que manda y los que están debajo son los que obedecen.
Nadie debe decidir por sí mismo, sino que hay que respetar y tener en cuenta el grado de cada cual.
No obstante, si no le queda otra opción porque aún no se encuentra en la cúspide de la pirámide, obedecerá fingiendo sumisión, aunque solo en apariencia, ya que internamente mantendrá una actitud de rebeldía y estará muy atento controlando a su rival y aprovechando cualquier desventaja o debilidad de su contrincante para usurparle el poder y ponerse al mando.
Pero el poder del desconfiado está sustentado en el engaño, en la seducción y en la manipulación del otro. Por consiguiente, no es un poder real que emana de la fuerza del Ser.
El poder fundamentado en la parte densa del ser humano, es decir, en el exterior, es un poder efímero, como un castillo de arena que, tarde o temprano, desaparecerá para siempre.
Las personas seducidas o dominadas, tarde o temprano, se percatarán del engaño y dejarán de tenerlo en cuenta, le retirarán la estima y se manifestará lo que tanto teme, la traición.
Al individuo con la herida de traición o desconfiado no le agradan las personas que son muy autoritarias.
Sin embargo, no es consciente de todas las veces que él ha dado órdenes o ha tomado decisiones por los otros.
Tiene el poder del ego tan desarrollado que a todas las personas las considera inferiores.
Dependiendo del nivel de conciencia, podemos encontrarnos con desconfiados que tienen un poder muy reducido, limitado a un grupo de personas no más allá del ámbito, familiar, social o laboral.
Sin embargo, en personas más evolucionadas podemos encontrarnos con algunas almas que han venido a la tierra con un talento especial, mucho más elevado que el de la gran mayoría de las personas y como consecuencia, se han convertido en una autoridad con un poder muy relevante en muchos ámbitos de la vida, político, científico, artístico, espiritual, económico, etc.
No obstante, una de las pruebas más importantes a la que tiene que hacer frente el ser humano es a la prueba del poder, independientemente de que éste sea reducido o que disponga de un gran poder.
¿Cómo lo va a utilizar? ¿Lo usará para seguir alimentando su ego o lo pondrá a trabajar al servicio, no solo de sí mismo, sino de los demás, de la sociedad o del mundo?
Dependiendo de su elección, se liberará o seguirá atrapado en la «maya», en la ilusión y la separación.
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