Conducta en el aspecto físico y material en la herida de humillación o estructura de carácter masoquista.
Haciendo honor a este tipo de defensa, el individuo con herida de humillación siempre está predispuesto a llevar una vida difícil y austera.
En su inconsciente, tienen grabado que ser feliz y próspero es como una injuria.
Cuantos mayores sean las dificultades económicas en las que se encuentre, más motivos de miedo tendrá para quejarse amargamente y culpabilizar a todo el mundo.
Dadas las dificultades que tienen para generar abundancia y prosperidad y por su tendencia a fracasar en las empresas materiales, el masoquista tiene predisposición a caer en la pobreza.
Si, por el contrario, se trata de alguien con un buen soporte económico, estarán siempre invadidos por el miedo a que le engañen o a que le exploten, porque ya se sabe que «la gente es mala y siempre tratarán de abusar de ti».
Es decir, el sufrimiento siempre estará presente en cualquier circunstancia.
Es propenso a sentir envidia, especialmente hacia aquellos que viven en una situación de bienestar y abundancia.
Desapego por el cuerpo físico: la tendencia a dañarse y despreciarse a sí mismo constituye una de las características del masoquista y se pone de manifiesto en la forma de vestirse, alimentarse y en el aseo personal.
Existe en el individuo con herida de humillación cierto rechazo a ocuparse de sí mismo y resulta evidente en el trato que dan a su imagen social.
A pesar de que le da mucha importancia a la apariencia y le gustaría vestir bien y llevar ropa elegante, normalmente va ataviado con ropa sucia o incómoda e incluso puede ir desaseado.
Por el contrario, hay algunos individuos que, como reacción defensiva de rebeldía, pueden tener un sentido exagerado de la limpieza.
Al igual que en otros aspectos de su vida, en lo que concierne a la alimentación no será diferente.
Se las arreglará para que su relación con la comida no le procure ningún atisbo de satisfacción o placer.
Suele comer con exceso y con ansia.
En ocasiones, para no sentir vergüenza, come pequeñas cantidades, pero con relativa frecuencia, con lo que, al final del día ha podido comer lo mismo o quizás más.
También recurre con frecuencia a comer de pie porque cree que así comerá menos que si se sienta tranquilamente en la mesa.
Se siente culpable cuando come alimentos superfluos, como golosinas, chocolate, pasteles, etc.
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