La persona con herida de injusticia es proclive a tener aventuras y relaciones sexuales breves, con la ilusión de encontrar a la pareja perfecta.
El rechazo del amor sexual hiere su orgullo. La tendencia será tratar de inhibir sus experiencias placenteras, ya que activan en él la inquietud del rechazo.
Tiene la tendencia a elegir el sexo antes que el amor, pero no le satisface, se siente frustrado. Como consecuencia se encuentra en la disyuntiva de que cualquier cosa que elija le irá mal.
Además, no quiere rendirse porque será volver al dolor del rechazo y si se encierra en el orgullo no permitirá que fluyan los sentimientos y lo único que logrará será crear más orgullo. Su tarea para sanar este conflicto tendrá que pasar por la conexión de su corazón con el sexo.
La mujer de estructura rígida o herida de injusticia exige amor y sentimientos sexuales de los demás, pero cuando interactúa con ellos recurre seductoramente a modelos comparativos para no comprometerse.
Dicha actitud le conduce a la competición, no al amor. Por ello entonces se siente herida y se hace más competitiva.
Suele atraer a los hombres con la mitad inferior del cuerpo utilizando la seducción, la coquetería, al andar, mirar, hablar, etc.
A la misma vez que reprime sus propias necesidades sexuales, le niega el corazón con la mitad superior.
Por otra parte, en sus relaciones íntimas ha desarrollado una habilidad especial para fingir que goza.
Por consiguiente abandonar la intimidad o hacer que el amante se vaya es lo que mantiene en marcha las relaciones.
Como consecuencia, se encuentra metida en un círculo vicioso que no le da lo que desea.
Sexualmente, pueden ocurrir dos cosas, o tiene mucha actividad sexual, sin comprometerse, sin entregar su corazón o puede haber una ausencia total de relaciones íntimas o pasar grandes temporadas sin tenerlas.
La mujer con estructura rígida o herida de injusticia suede tener tendencia a la frigidez y dificultades para alcanzar el orgasmo.
El hombre de estructura rígida o herida de injusticia tendrá relaciones sexuales exclusivamente a nivel físico, carente de sentimientos.
Cree que la sexualidad y el amor son dos cosas que deben vivirse por separado, pero si tiene que elegir prefiere decidirse por el sexo, que generalmente practicará de forma despectiva.
Dicha actitud le conduce a la insatisfacción y a la decepción, por lo que suelen cambiar de pareja con frecuencia.
Al finalizar el acto sexual, no dedicará ni un instante a relajarse y disfrutar de la proximidad y el contacto con su pareja, sino que se incorporará rápidamente y se pondrá a realizar cualquier actividad más importante que lo que acaba de ocurrir, como hacer una llamada de negocio o salir a fumarse tranquilamente un cigarrillo.
Suele ser infiel por naturaleza, pero solo a nivel físico: «Amo y admiro a mi esposa, pero solo puedo practicar el sexo de manera placentera con alguien que no se parezca a mi madre».
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Imagen: psicologiaanagarciarey.com