El individuo que sintió la carencia y el abandono durante su primer año de vida, a partir de ese momento, en su memoria estará reflejada constantemente la obsesión por la maternidad y proyectará su anhelo en toda clase de relaciones.
La estructura oral o de abandono no está capacitada para satisfacerse a sí misma debido al sentimiento de impotencia que siente.
Por esa razón, rehúsa asumir la responsabilidad de su propio bienestar y rechaza su autonomía y su propio poder.
Sin duda alguna, para asumir la responsabilidad de tener el poder sobre algo o alguien se requiere de una gran dosis de energía y entusiasmo, cualidades de las que el oral carece, por lo que no estará muy interesado en desempeñar ningún puesto de poder.
Por el contrario, tiene tendencia a arrimarse a las personas que sí lo tienen, fundamentalmente aquellas que gozan de un gran poder, para tratar de «alimentarse» energéticamente y poderse sentir seguro.
Como consecuencia de la dependencia que el oral tiene de los demás para tratar de satisfacer sus propias necesidades y poder sentirse lleno, es muy proclive a ser manipulado por situaciones o personas que gozan de poder.
Por ejemplo, ante la figura del «maestro espiritual» u otra persona a la que desde el inconsciente proyecte como madre o padre, ante el médico, el psicólogo, jefe, policía, etc.
Es decir, ante cualquier forma de autoridad de la que el oral pueda obtener cualquier compensación energética para el momento actual o bien, que se le haga creer o se le prometa que en un futuro próximo todas sus necesidades o todos sus deseos serán de sobra colmados y no tendrá más de qué preocuparse.
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