El individuo con herida de rechazo o fragmentado vive sumido en un alto grado de austeridad, reduciendo sus necesidades al mínimo.
Si no necesita, tampoco tiene que pedir y, por lo tanto, se puede sentir más independiente.
Puede pasar por dificultades económicas a lo largo de su vida, pero esto no le preocupa, ya que prefiere arreglárselas con lo mínimo antes que arriesgarse a acercarse a otros para obtener más.
«Puedo arreglármelas con menos, esto no lo necesito, me puedo arreglar sin aquello».
Como su actitud en la vida no está ligada al esfuerzo y la dedicación, raramente van a ser personas que vivan en la riqueza, a no ser que el dinero le venga de su pareja o de algún familiar, a través de herencia, negocio, etc.
Rara vez se siente interesado por riquezas o posesiones materiales, más bien vive con una sensación de pobreza, como si lo que se le ofrece no fuera nutritivo y se pudiera vivir sin ello.
En realidad, piensa que el dinero es necesario para vivir, pero no le produce placer y ve todas las cosas como superfluas.
En el caso de que sea una persona adinerada no hará ostentación a cerca de ello. Más bien vivirá una vida sin grandes lujos ni despilfarros económicos.
La persona con herida de rechazo al no estar implicada en el mundo físico o material, no suele estar muy preocupada por su situación financiera.
Más bien puede sentir desprecio hacia el dinero, pero no por una cuestión de desprendimiento o madurez, sino única y exclusivamente para evitar implicarse, ya que si sintiera apego por lo material le impediría huir libremente.
En ocasiones, puede ser generoso, pero no de forma consciente, sino por falta de responsabilidad y de discernimiento de su propio status económico.
Otras veces puede pecar de cierto egoísmo, ya que su inconsciencia y falta de compromiso le impiden darse cuenta de las verdaderas necesidades de los demás.
En el aspecto económico, la persona con herida de rechazo puede ser bastante influenciable y manipulable hasta el extremo de poderle hacer consumir con cierta facilidad si su interlocutor es una persona bien formada.
Así puede declinar cualquier tipo de responsabilidad e implicación.
En cuanto a la alimentación física, cabe resaltar que suele comer poca cantidad y en porciones pequeñas.
Si en un momento determinado come en exceso, lo hace con el mismo propósito, para huir a través de la comida, que simboliza a la madre.
Es frecuente que pierda el apetito con facilidad ante situaciones de pánico. Suele recurrir al azúcar, a lo dulce, cuando se encuentra falto de energía.
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